Monday, June 16, 2008

En Tijuana, la libre (Periódico Frontera)

15 de Junio del 2008
Los perros de agua
Por Daniel Salinas Basave dsalinas@frontera.info
Tampico es la tierra de uno de los mejores narradores y sin duda el mejor tallerista que ha dado México: Rafael Ramírez Heredia.
Tampico es también un lugar que trae recuerdos de furtividad, clandestinaje, olor a golfo y petróleo, sudores dulzones y “nortes” crueles al cruzar en lancha el Pánuco rumbo a Pueblo Viejo.
Ahora cae en mis manos una antología que reúne a jóvenes poetas y narradores tampiqueños, misma que acaba de ser presentada en el Centro Cultural Tijuana.
Comparto el deseo de Liliana Blum y Sara Uribe, compiladoras de la antología Perros de agua: “No deseamos que este libro se llene de polvo y moho”. Ojalá realmente que no se llene de polvo y moho, pues en sus páginas hay poemas e historias que realmente no tienen desperdicio y merecen la pena ser leídas.
La realidad es que el camino de estos libros a menudo es peor que el del salmón. Deben nadar a contracorriente, sorteando toda clase de obstáculos que les permitan escapar de las bodegas de institutos culturales locales.
Condenados de antemano a ser regalados el día de la presentación a los amigos de los autores incluidos y a tener un efímero periodo de vida fuera de las cajas de cartón, las antologías de jóvenes escritores deben luchar a brazo partido por sobrevivir y poder consumar el acto literario perfecto, que es ser leídas por alguien. De entrada, ya es un signo alentador que este libro de tampiqueños haya llegado hasta la lejana Tijuana.
También lo es que el Cecut lo haya presentado. Ahora toca el turno a la distribución. En lo personal no tenía noticia ni antecedente de ninguno de los poetas y narradores incluidos y sin embargo he de confesar que me llevo algunas gratas sorpresas.
Cierto, ésta, como casi todas las compilaciones, puede resultar sectaria y en extremo reduccionista. Aquí sólo encontraremos escritores jóvenes de tres municipios del Estado de Tamaulipas: Madero, Altamira, Tampico y por ahí un autor colado de Ciudad Victoria.
Eso sí, en cuanto a diversidad de géneros el trabajo es ambicioso, demasiado para tener menos de 150 páginas. Aunque tres cuartas parte del libro están dedicadas a la poesía, también hay espacio para el cuento, un pequeño ensayo (aunque aparece incluido como cuento) y lo verdaderamente atípico, una pieza de dramaturgia, “Llera” de Ángel Hernández.. Aún dentro de la juventud los rangos de edades son enormes.
Encontramos desde un poeta jovencísimo llamado Carlos del Castillo que apenas suma 19 años, hasta autores maduros como Augusto Cruz, que ya anda por los 37, autor del cuento ensayístico “Londres después de la media noche”, por cierto uno de los mejores de la antología.
Entre los poetas hay de dulce, chile y de manteca. Los hay que apuestan por métricas estrictas, casi matemáticas como Marco Antonio Huerta.
Otros se inclinan por el poema breve como es el caso de Iván Trejo, aunque lo que predomina es ese territorio a menudo difuso que algunos llaman simplemente prosa poética o verso libre, como es el caso del joven Del Castillo o la propia Sara Uribe.
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Friday, April 18, 2008

Vidas de catálogo (o la exhibición de existencias en descomposición de Liliana Blum)

Conocí a Liliana en el verano de 2006, hace ya casi dos años. Fue desayunando en el hotel sede para un encuentro de escritores en Monterrey. Liliana me había recomendado, sin conocernos personalmente, con los organizadores para sumarme a las filas de participantes. A partir de entonces y durante este tiempo he tenido el privilegio, más que la oportunidad, de conocer de cerca la obra de una narradora fascinante y sin el menor sentido de la pudicia o la autocensura.

Liliana escribe, como los más finos cuentistas: a partir de la creación de sus personajes. La suya es una ficción conducida con maestría por las criaturas de su invención, que se desprenden con vivacidad de la tinta y el papel y llegan hasta la última expresión de sus respectivas existencias. Así, alcanzamos a ver en Vidas de catálogo una colección de las más variadas figuras y versiones de esa Liliana que realmente es y que no. Personajes que no llegan al amor, o que el amor no llega a ellos. Pero no importa pues comparten algo que va más allá de ellas. 

Una colección de hablantes singulares, femeninos en su totalidad, que relatan su particular historia. Común a todas ellas es el daño. Del tipo emocional, cicatrices, heridas de batalla. Pero también, y en ocasiones con menor trascendencia, está presente el daño físico. Liliana no se apiada ni se compadece en momento alguno de sus estelares. Si algo hay en estas ‘vidas es catálogo’ es un severo olor a humanidad. Pues el asidero más plausible en estos cuentos es la perfectible naturaleza que desbordan las acciones de estos protagonistas.

Desde las primeras tres variaciones en la historia de Yeyé: infante, adolescente y adulta, siempre a punto de haber alcanzado algo más; hasta el hondo lamento de la heroína derrotada de antemano que aparece en “Tocaré el piano vestida de novia”, estas vidas de catálogo nos sacuden al descubrir en ellas nuestros rostros. Horroriza lo sencillo que puede resultar la trasgresión, lo expedito de la posibilidad de violentar el orden habitual de las cosas. La inexacta velocidad en que una idea se transforma en algo que raya en las fantasías criminales.

Y también la inevitable víctima que permanece después del choque de las fuerzas en el espacio de la ficción. Las niñas aplastadas por la pederastia como un persistente malestar en los edénicos jardines de la tecnocracia del siglo veintiuno. Laura, la ama de casa pasada de peso, que espera la llegada de su marido sin bañarse y con un camisón gastado y percudido. La amante que se enfrenta a la legítima mujer de Stalin y resulta devastada por el encuentro. Su amiga (quien siente por ella más que sólo una simple amistad) como único premio de consolación. La solterona de considerable busto de “Un pescado sin bicicleta”, que se ve dentro de la inercia ignominiosa en la que descubre su rencor inmanente, junto con el diagnóstico de la enfermedad de su madre. Lorena que es testigo de cómo se desata en su matrimonio un efecto desolador cuando ve caer a un gato desde un muro; la memoria de cuando, alguna vez, no hace tanto, Dios tocó a su puerta.

La impresión de que todo está roto es persistente y difícil de ignorar. Quebrantado. Descompuesto. Sin posibilidad de. Las fichas perdidas de un dominó cuya partida comenzó con desventaja.

Vidas de catálogo. Vidas ejemplares: reminiscencia didáctica y alusión a las narraciones católicas sobre los santos. Especímenes. Testimonios desde el anverso en las voces estridentes de estas mujeres. Fábulas con una nueva moraleja: lo inevitable en nuestros días es la catástrofe. Espejos incómodos y, de tan intimidantes, efectivos.

Son, en sí, narraciones de la más alta factura, desde una voz transparente, cálida y trepidante, que se reconoce ya como la voz propia de Liliana. Madura colección de cuentos. Un libro donde todo está agriamente vivo a pesar de. La maestría de Liliana confecciona un libro de cuentos coherente que seduce y obliga a leer de principio a fin. Casi de una sola sentada, para caer rendidos ante ellas.

La semana antepasada, Liliana Blum regresó de Israel con el Premio Internacional de Narrativa Escribiendo sobre el Conflicto, convocado por el Centro Israelí para las Comunidades Iberoamericanas. Constante de calidad, trabajo, persistencia y disciplina. Vidas de catálogo es en este contexto una entrega pronta dentro de la trayectoria literaria de Blum, cuyas estaciones engendrarán algunas de las piezas narrativas más memorables de este milenio que inicia.

Marco Antonio Huerta

Ciudad Victoria, 14 de abril de 2008

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