Heath Ledger al final de las batallas
Anoche vi Brokeback Mountain por segunda vez en la tele. Era tarde y tenía ya mucho sueño. Pero, mientras la película seguía, dominó un pensamiento muy oscuro. Ennis Delmar es (irónicamente) quien permanece tras la muerte del amado.
Y ahora sí, de verdad, me quedó claro que Heath Ledger no hará una nueva película. Ni nada más. Me acordé de un pasaje, en particular de un personaje, de Las batallas en el desierto de Pacheco: Esteban, exactor de cine, novio de Isabel, la hermana de Carlitos.
Una noche mi padre sacó a Esteban a gritos y empujones: al llegar tardísimo de su clase de inglés lo encontró en la sala a media luz con la mano metida bajo la falda de Isabel. Héctor lo golpeó en la calle, lo derribó y lo siguió pateando hasta que Esteban pudo levantarse ensangrentado y huir como un perro. Isabel le retiró la palabra a Héctor y empezó a hostilizarme por cualquier motivo, si bien yo había tratado de frenar a mi hermano cuando pateaba en el suelo al pobre de Esteban. Isabel y Esteban no volvieron a encontrarse jamás: poco después, aniquilado por el fracaso, la miseria y el alcoholismo, Esteban se ahorcó en un ínfimo hotel de Tacubaya. A veces pasan por televisión sus películas y me parece que contemplo a un fantasma.
Heathcliff Andrew Ledger hubiera cumplido veintinueve años el pasado 4 de abril (dos días después de mis treinta). Resta sólo verlo en el breve legado de su filmografía, aunque sea un fantasma. Me muero por ver Batman. Entre tanto va el momento que considero (por primera vez concuerdo con MTV) como el beso más sexy en la historia del cine.
PACHECO, José Emilio, Las batallas en el desierto. 4a edición, Ediciones Era, México, 1983.