Wednesday, April 30, 2008

Heath Ledger al final de las batallas

 

Anoche vi Brokeback Mountain por segunda vez en la tele. Era tarde y tenía ya mucho sueño. Pero, mientras la película seguía, dominó un pensamiento muy oscuro. Ennis Delmar es (irónicamente) quien permanece tras la muerte del amado.

Y ahora sí, de verdad, me quedó claro que Heath Ledger no hará una nueva película. Ni nada más. Me acordé de un pasaje, en particular de un personaje, de Las batallas en el desierto de Pacheco: Esteban, exactor de cine, novio de Isabel, la hermana de Carlitos.

Una noche mi padre sacó a Esteban a gritos y empujones: al llegar tardísimo de su clase de inglés lo encontró en la sala a media luz con la mano metida bajo la falda de Isabel. Héctor lo golpeó en la calle, lo derribó y lo siguió pateando hasta que Esteban pudo levantarse ensangrentado y huir como un perro. Isabel le retiró la palabra a Héctor y empezó a hostilizarme por cualquier motivo, si bien yo había tratado de frenar a mi hermano cuando pateaba en el suelo al pobre de Esteban. Isabel y Esteban no volvieron a encontrarse jamás: poco después, aniquilado por el fracaso, la miseria y el alcoholismo, Esteban se ahorcó en un ínfimo hotel de Tacubaya. A veces pasan por televisión sus películas y me parece que contemplo a un fantasma.

Heathcliff Andrew Ledger hubiera cumplido veintinueve años el pasado 4 de abril (dos días después de mis treinta). Resta sólo verlo en el breve legado de su filmografía, aunque sea un fantasma. Me muero por ver Batman. Entre tanto va el momento que considero (por primera vez concuerdo con MTV) como el beso más sexy en la historia del cine.

alt : http://www.youtube.com/v/7GM5X3n55t8&hl=en

PACHECO, José Emilio, Las batallas en el desierto. 4a edición, Ediciones Era, México, 1983.

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Monday, April 21, 2008

Esto que leo y que no quiero que se acabe (¡gracias, O.W. Toad!)

Hace dos semanas que leo Oryx and Crake de Margaret Atwood por la sabia recomendación de dos muy queridas amigas. Ansío el momento de mi día en que puedo retomar el libro y leer a pierna suelta, como dicen algunos. 

Desde la semana pasada formo parte del equipo que aplica el examen ENLACE en las escuelas de mi ciudad. El día de hoy tocó a una institución pública de educación media superior. Entre los reactivos del examen se encuentra una sección de comprensión de lectura. Para mi asombro, una de las lecturas consistía en una diatriba sobre las posibilidades discriminatorias que podría desencadenar el estudio y la manipulación del genoma humano.

Lo primero que pensé fue que era un material inadecuado para estudiantes de prepa. Pero no. Los nueve párrafos estaban redactados con el fin de que el contenido resultara plenamente accesible. Interesante, aunque por formar parte de un examen escolar (considero que no es pretexto), no hay referencias y no está firmado. Hubo un momento (aún no lo detecto con claridad) en que el texto me provocó escalofrío. Miedo. El texto va mucho por la premisa de la película Gattaca, donde los seres humanos están clasificados en una especie de castas basadas en las ‘virtudes’ de su código genético.

Lo significativo es cómo lo relacioné tan inmediatamente con la novela de Atwood que leo. Especies de artificio, el mundo como un gran laboratorio, nuevas y más feroces enfermedades. Aquí, ya no el miedo: el terror. Extinción. Y no quiero que termine. Es la escritura tan clara, ágil y precisa de Atwood la que me causa tal fascinación. Y por tal motivo la recomiendo ampliamente.

En tanto la consiguen van unas ilustraciones del artista Jason Courtney, inspiradas por la novela, y el site de Ms. Atwood que es: http://www.owtoad.com/


Snowman wakes before dawn


Pigoon, balloon, pigoon, balloon

ATWOOD, Margaret, Oryx and Crake. First Anchor Books Edition, Random House, NYC, 2004.
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Para Sara Uribe: ya estoy terminando de escanear las fotos. Esta semana las subo.

 

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Friday, April 18, 2008

Vidas de catálogo (o la exhibición de existencias en descomposición de Liliana Blum)

Conocí a Liliana en el verano de 2006, hace ya casi dos años. Fue desayunando en el hotel sede para un encuentro de escritores en Monterrey. Liliana me había recomendado, sin conocernos personalmente, con los organizadores para sumarme a las filas de participantes. A partir de entonces y durante este tiempo he tenido el privilegio, más que la oportunidad, de conocer de cerca la obra de una narradora fascinante y sin el menor sentido de la pudicia o la autocensura.

Liliana escribe, como los más finos cuentistas: a partir de la creación de sus personajes. La suya es una ficción conducida con maestría por las criaturas de su invención, que se desprenden con vivacidad de la tinta y el papel y llegan hasta la última expresión de sus respectivas existencias. Así, alcanzamos a ver en Vidas de catálogo una colección de las más variadas figuras y versiones de esa Liliana que realmente es y que no. Personajes que no llegan al amor, o que el amor no llega a ellos. Pero no importa pues comparten algo que va más allá de ellas. 

Una colección de hablantes singulares, femeninos en su totalidad, que relatan su particular historia. Común a todas ellas es el daño. Del tipo emocional, cicatrices, heridas de batalla. Pero también, y en ocasiones con menor trascendencia, está presente el daño físico. Liliana no se apiada ni se compadece en momento alguno de sus estelares. Si algo hay en estas ‘vidas es catálogo’ es un severo olor a humanidad. Pues el asidero más plausible en estos cuentos es la perfectible naturaleza que desbordan las acciones de estos protagonistas.

Desde las primeras tres variaciones en la historia de Yeyé: infante, adolescente y adulta, siempre a punto de haber alcanzado algo más; hasta el hondo lamento de la heroína derrotada de antemano que aparece en “Tocaré el piano vestida de novia”, estas vidas de catálogo nos sacuden al descubrir en ellas nuestros rostros. Horroriza lo sencillo que puede resultar la trasgresión, lo expedito de la posibilidad de violentar el orden habitual de las cosas. La inexacta velocidad en que una idea se transforma en algo que raya en las fantasías criminales.

Y también la inevitable víctima que permanece después del choque de las fuerzas en el espacio de la ficción. Las niñas aplastadas por la pederastia como un persistente malestar en los edénicos jardines de la tecnocracia del siglo veintiuno. Laura, la ama de casa pasada de peso, que espera la llegada de su marido sin bañarse y con un camisón gastado y percudido. La amante que se enfrenta a la legítima mujer de Stalin y resulta devastada por el encuentro. Su amiga (quien siente por ella más que sólo una simple amistad) como único premio de consolación. La solterona de considerable busto de “Un pescado sin bicicleta”, que se ve dentro de la inercia ignominiosa en la que descubre su rencor inmanente, junto con el diagnóstico de la enfermedad de su madre. Lorena que es testigo de cómo se desata en su matrimonio un efecto desolador cuando ve caer a un gato desde un muro; la memoria de cuando, alguna vez, no hace tanto, Dios tocó a su puerta.

La impresión de que todo está roto es persistente y difícil de ignorar. Quebrantado. Descompuesto. Sin posibilidad de. Las fichas perdidas de un dominó cuya partida comenzó con desventaja.

Vidas de catálogo. Vidas ejemplares: reminiscencia didáctica y alusión a las narraciones católicas sobre los santos. Especímenes. Testimonios desde el anverso en las voces estridentes de estas mujeres. Fábulas con una nueva moraleja: lo inevitable en nuestros días es la catástrofe. Espejos incómodos y, de tan intimidantes, efectivos.

Son, en sí, narraciones de la más alta factura, desde una voz transparente, cálida y trepidante, que se reconoce ya como la voz propia de Liliana. Madura colección de cuentos. Un libro donde todo está agriamente vivo a pesar de. La maestría de Liliana confecciona un libro de cuentos coherente que seduce y obliga a leer de principio a fin. Casi de una sola sentada, para caer rendidos ante ellas.

La semana antepasada, Liliana Blum regresó de Israel con el Premio Internacional de Narrativa Escribiendo sobre el Conflicto, convocado por el Centro Israelí para las Comunidades Iberoamericanas. Constante de calidad, trabajo, persistencia y disciplina. Vidas de catálogo es en este contexto una entrega pronta dentro de la trayectoria literaria de Blum, cuyas estaciones engendrarán algunas de las piezas narrativas más memorables de este milenio que inicia.

Marco Antonio Huerta

Ciudad Victoria, 14 de abril de 2008

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Wednesday, April 9, 2008

En Paz (conmigo)

“Un hombre que se distrae, niega al mundo moderno. Al hacerlo, se juega el todo por el todo. Intelectualmente, su decisión no es diversa a la del suicida por sed de saber qué hay del otro lado de la vida. El distraído se pregunta ¿qué hay del otro lado de la vigilia y de la razón? La distracción quiere decir: atracción por el reverso de este mundo.”

PAZ, Octavio, El arco y la lira, postfacio de Anthony Stanton, 2a. edición facsimilar de la primera edición. México, FCE, 2006. (Colección Tezontle)

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Friday, April 4, 2008

Regalo de cumpleaños para La Doncella Dilatada (perdón, se me hizo tarde)

 

Only you

a Minerva Reynosa

y es que no miento

en medio del concierto

de la hora concertada

la certeza

la desidia

no se nos da

(ya lo sabías) el ser humanos

no

cuando alguien más nos mira

no

donde todos los demás y más aún

cuando violentamente lo deseamos

médula de esta díscola armatoste

que nos traza qué besar

y a dónde apuntaríamos el puñal

nuestro desdén

hay un jardín

siempre para ti

siempre

jamás

aunque alguien más lo ha dicho

y no fui yo

¿a dónde más

señora?

¿donde más

por qué mirar?

¿por quién?

dígalo usted

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Wednesday, April 2, 2008

Felices para mí


Y como una querida doctora dice por ahí: ¡No se siente nada!
Posted by Marco Antonio Huerta at 19:41:38 | Permalink | Comments (2)