Wednesday, March 5, 2008

Coyolxauhqui, Pound y yo (creciendo)

Durante mis años en la universidad me enteré de que la piedra de la luna (mejor conocida como la Coyolxauhqui) fue descubierta en 1978. No era un trabajo arqueológico. Eran unos obreros de Luz y Fuerza del Centro quienes entre el lodo y piedras antiguas dieron con un disco labrado con una figura femenina, desmembrada.

Qué impresión se debieron llevar aquellos trabajadores al dar con semejante testimonio de la nación vencida y subyugada. Pero después el oficialismo que asedió a nuestro país por tantos años se valió de este ídolo (como de tantos otros) para reafirmar que somos un sólo país y que todos debíamos esforzarnos por conservar nuestra cultura y nuestras tradiciones. Teníamos que luchar por nuestra identidad, nuestra soberanía, nuestra nación… y el petróleo es sólo nuestro. (¡Ah, los setentas en México!) En ocasiones extraño al régimen priísta. Es en serio.

 A treinta años del descubrimiento (el día ‘oficial’ es el 28 de febrero) se celebra nuevamente la historia del hallazgo. La “magia” que rodeó la extracción de la pieza. Y otra vez el cuento del famoso beso que le dio el arqueólogo al encontrar su rostro. También revelan que era una escultura policromada.

Lo relevante para mí, es que yo nací casi un mes después y a cerca de 600km de distancia. Decir que son treinta años suena tan pesado. Casi tanto como un monolito prehispánico de semejantes dimensiones. Pero es donde reafirmo que estoy marcado por la luna, por el lado B de las cosas como ya lo dije antes. Son treinta años de planeta y de los brincos en el mismo. Treinta de mirar entre una y otra orilla. Desde luego sin perderme. Al menos no lo suficiente.

Pero también el 2008 viene a cuenta por otro aniversario. Resultan 100 años de la publicación de A Lume Spento, primer libro de Ezra Pound. Editado en Venecia en 1908, esta colección de poemas representa el primer esfuerzo por despojar a la poesía de los ecos románticos y renovar el lenguaje radicalmente.

El primer peldaño de una larguísima carrera que habría de influir en otros escritores como T.S. Eliot, Marianne Moore, James Joyce y Ernest Hemingway. El primer poemario del patriarca de la literatura verdaderamente moderna. Traductor insustituible que forjó un crucero entre Oriente y Occidente.

No viene a cuento aquí hablar sobre el trágico resto ni el vergonzante fin de este Poeta (sí, con mayúsculas). Pero sí conveniente abundar en lo que realmente celebra este aniversario. Algo así como ¿qué vería este poeta a la vuelta del milenio? ¿Con qué ojos para Europa, para los EEUU? ¿Alemania tiene un ejército? ¿Será el Islam la opción resultante? Y ¿qué de América Latina?


Va un abrazo tardío para el poeta Eduardo Uribe quien se acercó más a los XXX. Y otro fuerte para Lissete Barrios quien ya al fin. 

Posted by Marco Antonio Huerta in 03:17:56
Comments

One Response

  1. Ale says:

    Niño de pecho… veré tu blog un año después de los treinta. Para mí fueron fuertes, rimbombantes, tan grandes que el eco por momentos me ensordeció. Vamos sin susto que muchos ya hemos pasado por esto.

    Muchos besos

    Ale

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